jueves, 29 de marzo de 2012

Movimiento freegan.

Hastiados de observar cómo la sociedad occidental deja morir en sus calles toneladas de comida en perfecto estado, gente de todo el mundo trata de retrasar el colapso ecológico al que afirman que está condenado el planeta evitando pagar por consumir y recuperando parte de la comida salvable que se tira a diario.

Este grupo de personas participan en lo que se llama el movimiento freegan.

El término freegan, que proviene de la contracción del término “free” (en inglés, gratis) y de “vegan” (vegetariano o vegano), hace referencia a un estilo de vida basado en el uso de estrategias alternativas para vivir y de recursos como ropa, libros o comida que han sido desechados por la sociedad de hoy día, que se encuentra atrapada en un entorno puramente consumista y derrochador.


"Nos comeremos tu basura, pero no compraremos tu mierda"


Este movimiento contracultural nació a finales del siglo XX como una especie de boicot a la sociedad de consumo y, como acto destacable y más notorio se encuentra la denominada recolección urbana o “dumpster diving”, es decir, la recuperación de alimentos provenientes de supermercados o restaurantes que se depositan en contenedores, al considerar que están a punto de caducar o que, en muchos otros casos, son sustituidos por nueva mercancía.

Realmente este acto no lo realizan por pura necesidad, puesto que muchos de los partidarios de este movimiento tienen estudios y trabajo cualificados. Más bien es una cuestión de índole social, pues quieren mostrar a la sociedad, plenamente sumergida en la economía convencional, que se puede evitar al máximo participar en el actual sistema económico.

Pero no sólo este comportamiento está restringido a la búsqueda de alimentos, sino que demuestran que también puede re-utilizarse material de oficina, ropa y artículos de ocio entre otros.

Con el material recolectado organizan eventos tales como comidas públicas para abastecerse a ellos mismos y a gente que se encuentra en el umbral de la pobreza, mercadillos de ropa, etc.


También proponen ideas que abarcan la instalación de jardines comunitarios, el uso de transportes más ecológicos y que provoquen menor huella en el medio ambiente o, en su defecto, la mejora de vehículos convencionales (reforma del motor para así poder usar aceite vegetal en vez de gasoil).

Una medida de aspecto más social y humanitaria consiste en la ocupación de casas deshabitadas, las cuales reforman para darles un nuevo uso, como puede ser el de servir como centros de educación, guarderías... La premisa utilizada por ellos es que el alojamiento es un derecho, y no un privilegio.

Según los seguidores de este movimiento, los consumidores están siendo bombardeados de manera continua con publicidad y anuncios que les obligan a deshacerse de ciertos productos e intercambiarlos por otros nuevos. Esto produce una cantidad de gasto que es realmente enorme; es por ello que el movimiento freegan afirma que la gente puede abastecerse simplemente con la basura que ella misma produce.


Esta ideología empieza a cobrar mayor fuerza, importancia y consideración si se observa el siguiente estudio de la Universidad de Arizona, que indica que alrededor de la mitad de los alimentos que se producen acaban en la basura sin pasar por ningún estómago; lo que significa que las familias tiran cada año al estercolero más de 40.000 millones de dólares. Un escándalo si se tiene en cuenta que hay aproximadamente 852 millones de personas malnutridas en el mundo, según la FAO.

Por otro lado, los freeganistas también consideran que al participar en la sociedad de consumo se está apoyando, sin quererlo, la existencia y actuación de determinadas empresas que, o abusan de sus trabajadores, o contaminan el medio ambiente, o derrochan los recursos naturales que por desgracia no son ilimitados.



Básicamente realizan una llamada a la conciencia de la gente, pues quieren hacerles ver por sus propios ojos cuánto daño puede hacer la compra de un producto “capitalista”, como por ejemplo la adquisición de un textil; todo su proceso de fabricación, empaquetado, distribución y venta está envuelto en una serie de factores como el daño ambiental que puede suponer el transporte de esa mercancía a un centro comercial, debido a la contaminación que produciría el camión que lleve ese textil, por dar sólo un ejemplo.

Incluso existe una rama ortodoxa dentro del movimiento freegan que opina que la llamada “cultura de masas” es también un aliciente del gasto excesivo y el consiguiente derroche de material que se ha podido utilizar en la producción de cualquier alimento o textil, como se ha comentado anteriormente. El término cultura de masas hace referencia a cualquier consumo relacionado con actividades de ocio o de interés particular, como comprar un DVD o un CD de música.

 Por tanto, estos freeganistas opinan que la compra de por ejemplo el DVD viene envuelto en un impacto ecológico, social e incluso psicológico y que, por tanto, hay que evitar tener una interacción socio-económica.


La ideología freegan, de corte anti-consumista y de bases ecologistas, incita a la reflexión y al planteamiento de las siguientes preguntas:


¿Puede el movimiento freegan pasar a ser un potente modelo económico a la altura de sistemas como el capitalista o el socialista?


¿Hasta qué punto se puede confiar en este movimiento social?

Como se ha señalado antes, el movimiento freegan cree posible que haya una participación cuasi limitada en la economía convencional, con un mínimo consumo de recursos para evitar así el gasto excesivo.
Se basa puramente en la compartición, o en algunas ocasiones, en el intercambio de recursos (trueque). Es decir, no existe una verdadera moneda de intercambio.





Esto consigue eliminar el exceso de oferta, equilibrando en un cierto sentido el mercado de producción de bienes y servicios.

Un punto importante a destacar en su programa ideológico es la posibilidad de evadirse por completo del actual sistema económico que impregna a la sociedad occidental, una sociedad basada en la adquisición y consumo de bienes.

En realidad sí que existe, aunque mínima, una interacción con el sistema económico. Es más, depende de él porque si no hubiese un modelo político que promoviera el consumismo a grandes cantidades, no existiría una corriente que se opusiera a este suceso.

En cambio, una opción más viable sería adoptar estas medidas del freeganismo y así, regular la producción para evitar el exceso de oferta. Se podrían organizar campañas de concienciación para mentalizar a la gente de que se derrochan muchos recursos que son valiosos, y que otras muchas personas repartidas por todo el globo no pueden acceder a ellos.

Las empresas manufacturan cada vez más, intentando perfeccionar los envases y envoltorios de los productos que aterrizan en el mercado. Ése es un problema que sí tiene solución aplicando esta ideología anti-consumista; de hecho, ya hace unos años de la aparición de varias empresas solidarias que envían el excedente producido a asociaciones sin ánimo de lucro como Cáritas.

Otro punto importante a tener en cuenta es el hecho de que si no hay consumo, no se permite el avance de la tecnología, un factor esencial para la mejora de los recursos.

Una clara ilustración sería la salida al mercado de una nueva versión de un e-book, con nuevas características y mejorías con respecto a otros modelos fabricados por otras empresas. Por supuesto, las ventas de la versión más actualizada se disparan en detrimento de las otras.

Esto conlleva a que se establezca una competencia entre empresas rivales, de tal forma que se ayuda al progreso tecnológico que tanto favorece a nuestra sociedad.

Si se siguiera estrictamente un modo de vida sin ocasionar ningún impacto ecológico (los freeganistas pretenden minimizar el daño ambiental), se llegaría a un estancamiento de la tecnología. De un modo u otro, se estará provocando igualmente un cambio en el entorno que nos rodea.

Es difícil, pues, que este movimiento llegue a convertirse en un verdadero sistema económico, al menos etimológicamente, ya que consiste en un movimiento más bien social o filosófico.

La economía en sí misma tiene una base importante, que son las normas políticas que el Estado o las sociedades privadas (según en qué modelo económico nos estemos moviendo, si en uno capitalista o socialista) determinan.

Por tanto, esto iría en contra de sus principios de actuación, ya que a los freeganistas no les interesan los asuntos políticos; es más, consideran que los altos cargos políticos nos insisten en cierta forma a consumir y gastar avaramente, como si de mensajes subliminales se trataran sus discursos.

Así que, finalmente, se puede llegar a la siguiente conclusión: el movimiento freegan, aunque está motivado por fuertes convicciones éticas y sociales, no posee los atributos suficientes que se persiguen a la hora de establecer y crear un nuevo modelo económico.

Sin embargo, sí que pueden usarse algunas de sus iniciativas como por ejemplo la regulación de la producción, para evitar que haya excedentes.


Fuentes consultadas:


2 comentarios:

  1. Discrepo en lo que se trata de un movimiento contracultural, sino lo veo como un movimiento paralelo, porque como tú bien has dicho depende de este, así que yo lo le pondría la etiqueta de un movimiento paracultural (para- con el sentido junto a). Por lo demás estoy muy de acuerdo contigo.

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  2. Buenas noches, y gracias por comentar.

    En realidad sí que se trata de un movimiento contracultural, al menos en cuanto a su definición, pues es una ideología que choca con la opinión y cultura ya establecida (en este caso, la cultura del consumismo).

    Depende de él, pero solamente para tener una razón para oponerse a lo convencional (vaya, parece que suena a acertijo).

    Al menos es así cómo lo veo.

    Saludos.

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